120626
Después de
medio año, por fin, nos han concedido el permiso de exploración a todos los
grupos que exploramos en Cantabria, para nosotros una fastidiosa demora.
Este año nos
ha sorprendido la entrada en el club de una chica joven con ganas de explorar.
Celia está demostrando una buena aptitud y fuerza de voluntad, importante para
realizar esta actividad. Resulta que vive a unos cuatrocientos metros de mi
casa y cuando coincidimos, gustosamente le hago de taxista.
En esta
segunda jornada de exploración, nos hemos podido reunir cuatro compis para
dirigirnos otra vez a Coborros. En el primer día se tuvo que desbrozar a palos
lo que se pudo, está vez hemos repasado el “camino” con la tijera. Todos los
años tenemos el mismo problema en el acceso para algunas cavidades. El tojo,
las zarzas y los helechos son los que principalmente acaparan el monte.
Llegados a
la punta de exploración, empezamos a topografiar la galería encontrada en la
jornada anterior con rumbo a Udias, andamos tiempo buscando esa conexión, según
avanzábamos nos encontrábamos con la típica morfología del sistema de Udias,
karstificado por doquier, todo normal hasta que encontramos huellas humanas.
En algunas
partes del sistema nos hemos encontrado restos y huellas de los mineros, aparte
de en la mina.
Estos
siempre se han metido en zonas de cavidad, procurando evitar los pasos
verticales, aunque también se han metido en pozos largos, somos conscientes de
ello. Buscan también la conexión para encontrar material y extraer el mismo,
convertiendo la cavidad en una galería minera.
Así que
éstos han descubierto un acceso más directo que el que nosotros hemos hecho,
tuvieron que venir del rumbo opuesto, dirección a la sala de los bloques. Pelos
lo intuía por la topo.
Seguimos de
topo por la galería, observando incógnitas a distintas alturas, hasta que
llegamos a unas amplias coladas en pendiente que terminaban en vertical, la
galería sigue por una alta y larga diaclasa. Siendo las cinco y media,
decidimos dejar el material de instalación y seguir haciendo topo en la
dirección opuesta, nos metimos por un paso en pendiente de bloques, siguiendo
huellas de los mineros, no nos quedaba claro si nos estábamos pasando de largo,
ya que nos planteábamos salir. Con las mismas nos dimos la vuelta y regresamos
por donde entramos.
Antes de
salir, rebuscamos por la sala de los bloques y dimos con el acceso más directo.
Afuera el calor nos empañó las gafas a los miopes. El caluroso regreso, las
prendas, el equipo, las sacas, el barro, el cansancio te crean una necesidad de
hidratación que te hacen desear meterte en una piscina o en un océano.
A las 9
llegamos al bar de Chema en Bustablado, donde nos saciamos. Después a las
fiestas de Rodezas que gratamente nos ofrecieron panceta y salchichas. Una vez molidos y comidos nos fuimos para
casa.