21 noviembre 2022

Casi 40...

Casi 40....y no son los años que tengo. Hacía ya una temporada que no iba a explorar a Udías, pero quién se puede resistir a una larga jornada de barro? Aún me sigue gustando.
El sábado pasado quedamos Manu, Marta, Pelos y yo a las 10 en los Abetos. Hacía años que no veía a Marta y me encantó volver a verla y explorar con ella. Es novedad que coincidamos dos chicas! 
Tras desayunar y la típica charleta mañanera, nos fuimos a Sel del Haya, donde vimos cerca a un grupo grande de personas poniéndose buzos, equipo y demás parafernalia, extrañamente no nos los volvimos a cruzar por la mina...
Nosotros 4 habíamos decidido dedicar la jornada a explorar y por supuestísimo topografíar todos los metros nuevos que sacáramos, así que disto en mano y bocata en saca, nos adentramos por la boca de la mina.
Avanzamos por la mina hasta pinchar con cueva natural, Marta y yo de charleta y Manu y Pelos con ganas de llegar a la zona nueva. 

Accedimos por encima de las galerías de mina ya conocidas, haciendo fotos de las cosas dejadas por los mineros y de algunos ejemplares de fauna subterránea que para eso Marta controla muchísimo. Mientras unas hacíamos fotos, otros exploraban zonas nuevas y de ahí a reunirnos de nuevo.



La parte de cueva nueva era bastante laberíntica, zona de arena y varios niveles que se cruzaban y se superponían. Manu comentó que estaríamos horas topografiando, y después de pensar que era un exagerado, efectivamente, estuvimos horas haciendo topo de todas las zonas nuevas por las que íbamos avanzando.
Como no llevamos cuerdas, ni equipo de instalación, no pudimos continuar ya que llegamos a una galería grande en la que había que avanzar con cuerda, así que....con la misma nos fuimos para afuera y para las 21:00 ya estábamos en los coches.



Casi 40....son los kilómetros topografiados que llevamos en el sistema de Udías. Esperamos alcanzar esa cifra antes de fin de año! Aún quedan muchas incógnitas y mucho barro por descubrir. 

Jara (fotos de Marta)

17 octubre 2022

 

POR FUERA                                                             

                                                                                                           17-X-2022

Este año hemos realizado diversas prospecciones en sectores
como la zona Coborros, mina San Bartolome, La Hayuela, Canales, Hoyo del Pilurgo...

 



En el valluco de acceso a Coborros, después de la senda del los castaños centenarios, en su parte inferior nos encontramos dos hileras de dolinas, sumarán una quincena de ellas, sus perímetros están poblados mayormente de robles y avellanos, sobre todo entre el final de la primavera y el verano el acceso entre estas dolinas resulta incomodo y cansino, debido a la crecida de escajos, zarzas y helechos que superan los dos metros. El llegar a la entrada de la mina conlleva desbrozar tramos de senda y prospectar el resto de dolinas es para sufridores.






Entre la Hayuela y Canales están realizando una construcción de apartamentos, al cincuenta por ciento de la obra por lo visto ésta es ilegal, aunque parece ser que se sigue trabajando en ella, Spañistan es así. En ella destaparon una cavidad, la topografiamos y dada su ubicación y sus veinte metros de paso humano la llamamos La Conejera.





Bajo la Cantina de Udías existe un antiguo lavadero y debajo de éste un sumidero con una pequeña entrada de cueva, con el inconveniente de ir a parar allí el desagüe de las viviendas de alrededor, el olor nos echa hacia atrás, por cuestiones sanitarias evitamos calarnos en esas fecales aguas. Por esta zona es habitual encontrarte los desagües de las poblaciones directas al rio, a los sumideros y a las cavidades en general ¿Cuando habrá interés en poner depuradoras?...







Y cuando no son desagües, las torcas, sumideros y zanjones de mina más accesibles son utilizados como vertederos incontrolados, habiendo un punto limpio a unos tres kilómetros. Hoy en día es evidente la clara falta de concienciación por gran parte de la sociedad, al parecer, les es indiferente contaminar el agua dulce que con el tiempo escaseará, que termina en los cultivos, en el ganado y por lo tanto en nuestro plato, añadiendo el deterioro de un valioso patrimonio natural.





Observamos las bocas de la mina San Bartolomé, entre las inferiores alguna galería estaba entibada y descompuesta por la humedad, haciéndonos retroceder por la falta de seguridad, el resto de las bocas se ciegan en poco recorrido. En una boca superior observamos una falla de esta parte del sistema, descubrimos desde el exterior un par de ventanas amplias , una boca agaterada con desfonde que habrá que instalar y algún agujerillo con aire para desobstruir. La parte abierta de la mina aporta unas paredes verticales, algunas con desnivel, bastante aceptables para instalaciones de escalada. Naturalmente también encontramos un buen esparcimiento de basuras.





Después de unos años hemos retornado al Hoyo del Pilurgo, encontrando una desobstrucción interesante, es lo que tiene este sistema tan karstificado, suele haber posibilidades de encontrar una incógnita más.

 


 

En estos sectores, orientándonos por el lidar, hemos encontrado varias torcas y sumideros que nos han ofrecido varios centenares o miles de metros en algunos casos, en otros nada y en otros la posible ampliación del sistema de Udías.


26 julio 2022

 

Recuerdos deformes

 

Durante la primavera, en diversas conversaciones que mantuvimos, Manu y yo esbozamos la idea de llevar a su sobrina Estela, a mi nieta Iris y a algún otro niño -si podíamos cuadrarlo- a visitar una cueva en algún momento del verano. A primeros de julio estuvimos mirando fechas para hacer compatible la salida con la niña de Encarna y  el niño de César. Hablamos de la Cueva del Molino de Bustablado y de la Cueva Cañuela como posibles candidatas para realizar la actividad.

 

Finalmente quedamos el sábado 23 de julio para ir a la Cañuela. Ni César, ni Encarna iban a poder pero algo había que hacer aunque no todo salga como nosotros queremos. El grupo iba a consistir en Eduardo (hermano de Manu) y su hija Estela, mi hijo Eduardo y su hija Iris, Manu, yo y Roberto (un nuevo miembro del CCES). Nos reunimos en Solares a las nueve y media y estuvimos revisando los arneses y los cabos de anclaje de todos los integrantes del grupo. El día estaba radiante. Aparcamos cerca de la Cueva del Molino y fuimos hasta el comienzo de la senda por la carretera de Bustablado. A nuestra izquierda quedó la fuente de Mojaculos. Nunca había reparado en ella a pesar de la cantidad de veces que he recorrido la carretera. Tal vez recuerdos borrados.  

 

 


 

 

La senda que lleva a la Cañuela pasa primero por una cabaña, luego, subiendo ligeramente, atraviesa un prado hacia el este y en el límite entre prado y bosque salta el murete separador y serpentea por el bosque entre lapiaz. Mis recuerdos eran vagos pero se ajustaban a la realidad. Finalmente toma la canal que baja de la boca de la cueva, donde la hierba crece larga y frondosa por el aire fresco y húmedo que se precipita desde la boca. En esta última rampa suele haber barro muy deslizante pero esta vez nos encontramos con la tierra seca y fácil de transitar. La sequía de este verano se notaba en todas partes y aquí también.

 

Justo en el porche de la cueva, donde aún crecen los helechos y el musgo, acabamos los preparativos de ropa y arneses para cruzar el pasamanos. En la gran galería, que suavemente gira hacia la derecha, la luz se iba perdiendo y tamizando y los ruidos reverberaban a lo largo de casi trescientos metros creando un ambiente reverencial como en una catedral. Manu nos ofreció una explicación básica de como recorrer el pasamanos con seguridad. 

 

En mis recuerdos la Cueva Cañuela aparecía como un fácil recorrido, casi todo el tiempo andando, con galerías muy claras y delimitadas. Sólo el pasamanos cercano a la entrada presentaba alguna dificultad. Y en los recuerdos de Manu la apariencia era más o menos la misma. Eso nos había dado, y nos daba, confianza en que la elección de la Cañuela (para niñas) era correcta. Iris y Estela se movían muy bien en todos los pasos, incluido el pasamanos.

 

Después de rebasar un poco el Pozo del Arca, ya entrando en el Cañón Oeste, un gran boque oculta (y marca) el comienzo de la galería que permite ir "andando" hasta la Sala de la Encrucijada. Mis recuerdos hasta ese bloque eran muy precisos. Y la continuación recordada (la galería gira suavemente de este a sur y permanece en ese rumbo) también me parecía precisa. Pero aquí comenzaron mis recordados recuerdos a diferir de lo que veían mis ojos. Resaltes, destrepes y trepadas que no esperaba se agolparon para crear la duda. Ensanches o zonas que podían ser llamadas "salas" rompían la línea recta norte-sur que la memoria dibujaba en mi mente. En un momento dado el paisaje dejó de cuadrarme. Mi primera teoría, que no comente con nadie en ese momento, fue que al ir con las niñas la evaluación de distancias/tiempos y dificultades se me había "deformado". Sin embargo no era de recibo que antes reconociese todo y un poco después me pareciese todo desconocido. De común acuerdo Manu y yo paramos para evaluar la situación. Mientras él volvía atrás para verificar que no nos habíamos desviado de la ruta yo saqué brújula y topo, eché un vistazo, comprobé lo acertado de la dirección norte-sur y avance hacia el sur para reconocer el terreno mientras el grupo descansaba. Y, ajá, enseguida llegué a la característica gatera que desemboca en la Sala de la Encrucijada.




Todo esto me hizo recordar el capítulo sobre la memoria del libro "Proust y la Neurociencia" de Jonah Lehrer. En él se explica, de una forma bastante amena, algo sobre los mecanismo de la memoria y los recuerdos. En resumidas cuentas lo que viene a decir es que cuando convocamos un recuerdo lo reconstruimos con una mezcla de los elementos vividos (recordados) y de otros creados en el momento en que el recuerdo es convocado. Así cada vez que convocamos un recuerdo añadimos elementos nuevos y eliminamos elementos recordados (en mayor o menor cantidad) dando lugar a un proceso de modificación o deformación del recuerdo que aumenta con el número de veces que lo convoquemos. En algunos casos es tan fuerte el recorte de elementos que hablamos de memoria selectiva. Así pues yo tenía una memoria muy selectiva en este caso.

Para mí, y para Manu, lo peor fue darnos cuenta de que nuestro recuerdo de la continuación por la Sala de la  Encrucijada, bajo el acceso a Los Bulevares, en dirección a la Galería de las Sierras era todavía más selectivo. Había una trepada desde la gatera hasta el acceso a los Bulevares en la que nunca habíamos reparado ya que siempre pasábamos con adultos más o menos hábiles y responsables. Pero cuando nos fijamos bien esta vez caímos en la cuenta de que pasar por allí con las niñas sin asegurarlas (íbamos sin cuerdas) no era una opción posible. El recuerdo de "fácil", diríamos más bien el no recuerdo, estaba basado en una una premisa que ahora no se cumplía. Decidimos sabiamente desistir en nuestro avance y volvernos para visitar el Cañón Oeste.

 

El camino por el CW era muy cómodo salvo algunas zonas con bloques. Nos detuvimos ante un pequeño lago. Hubiéramos tenido que mojarnos los pies para pasar más allá. Hicimos una sesión fotográfica junto al lago.  Volviendo atrás, junto a unas coladas y gours blancos, hicimos otra sesión. La tercera fue ante una colada cercana al Pozo del Arca. Finalmente la última sesión fue en el pasamanos. Fotografié desde atrás y desde delante el pasamanos pero pensé que, realmente, esas perspectivas no le hacían justicia al sitio.

 

A la salida sentimos el aire como un horno bochornoso, sobre todo al abandonar el río de aire frío que cae desde la cueva. Al salir del bosque tropezamos con un ternero recién nacido que aún no se tenía de pie. La madre tenia el cordón umbilical colgando aún. La vida en crudo y en directo.

 

De vuelta en los coches teníamos hambre. Roberto nos ofreció su suculento "segundo bocadillo" que había llevado por si acaso nos retrasábamos. Me sorprendió lo previsor que estaba siendo. De cualquier forma y de común acuerdo nos fuimos a Bustablado a tomar unas cervezas sentados a la sombra (que nadie se alarme: las niñas tomaron refrescos...) Realmente nos había cansado esta "corta y cómoda" salida de espeleo para niñas. Pero el placer de tomar unas bebidas juntos borraba todo lo demás. Probablemente se estaba iniciando el proceso de memoria selectiva... 

        



 

20 mayo 2022

 

Fracasos y éxitos


Encuentro a Manu en Los Abetos a las diez menos cuarto desayunando. Poco después aparece Marta y pide un café.  El camarero se acerca a traerle las vueltas. Pasamos poco tiempo en el bar. Justo antes de irnos Marta compra un bocadillo.  Nos vamos a Culina en la furgoneta de Manu. Ahorramos combustible.

Ella se pone en el asiento central. La conversación gira alrededor de los años que llevamos sin verla. Un hijo de dos años, el otro se ha hecho mayor, ya tiene 12. La pandemia ha dejado su reguero en todo. Cosas buenas, algunas, cosas malas, otras.

Los preparativos son como siempre, un poco batiburrillo. Marta se ha comprado un cordino verde para los cabos de anclaje. Le ayudamos a ajustarlos. También son nuevos el croll y el puño. El perrito se acerca y tiene mucho éxito con Marta. Creo que se llama Bola, uno de ellos, porque hay dos. Se acerca tranquilo y nos husmea, ya nos conoce.

Manu transporta el taladro y la piqueta, yo las baterías y cables y Marta el resto. El tiempo está tranquilo. Al caminar y moverme por la cueva el desayuno se me hace pesado. Suele ocurrir a veces. Hay bloques que exigen subirse a ellos y luego bajarse. Resaltes para alcanzar galerías. Así pasamos la desviación al Sahara y continuamos hasta coger una desviación a la derecha. Manu duda y Marta lo llama la "eterna duda". Yo no recuerdo nada y me dejo llevar.



La ruta que seguimos hacia Cuatro Caminos no es del todo cómoda. Pero no requiere cuerda y tiene zonas con flores de yeso. Pasado este punto alcanzamos la gatera sopladora que se desobstruyó hace ya un tiempo. Luego vamos un poco más allá de la Sala de la Risa y localizamos entre bloques e incomodidades una hermosa galería -a la derecha- sólo pisada por Jordi y Manu. Unos doscientos metros más allá nos depositan en el punto de exploración.

Desenvolvemos toda la parafernalia sobre unos bloques planos que permiten una base cómoda. Sólo cabe uno en la zona de operaciones. Me toca ir a mí. Preparo una saca con todo lo necesario y me meto en la gatera. Comienzo liquidando un tabique molesto con la piqueta y sacando un bloque -semienterrado en la arena- que impide el paso. Luego el taladro entra en acción para hacer el primer agujero. El primero es un fracaso, el segundo es un fracaso, por el camino el taladro falla. Viene Manu que, a base de golpecitos, le anima a seguir haciendo agujeros. El tercero es un fracaso.  Dejamos de oír el taladro. A  veces se oyen ruidos raros.

Marta y yo cogemos el teléfono de topografía. Parecen haber llegado varios mensajes... Hacemos algunas fotos por la zona más que otra cosa por tener un recuerdo de un día tan peculiar. Cuando vuelvo a la base de operaciones aparece Manu. Se le nota bien contento pero parece cansado. Ha desobstruido la gatera cavando en la grava del suelo. Un éxito. Dice que al otro lado hay galerías. Dos éxitos.




 

Marta y yo vamos a echarles un vistazo. Justo al salir de la gatera hay una bifurcación. Yo me voy por abajo y Marta por arriba. Encuentro un galería transitable que zigzagea hasta una zona en que aparecen varias opciones incómodas. Lo dejo en ese punto y vuelvo para encontrar a Marta. Por arriba las dimensiones son algo mayores hasta un punto en que la galería se transforma en laminador. Lo dejamos ahí. Pero al volver Marta descubre en la parte alta de la galería, y sobre un derrubio de tierra verdosa, una chimenea que parece dar acceso a un gran volumen. El tercer éxito de hoy. La chimenea está semiobstruida por un bloque que la tapona. Al cabo de un rato se nos une Manu. Intenta cortocircuitar la chimenea por una gatera rampante llena de tierra. Pero el cansancio y la hora se imponen y lo dejamos para otra ocasión. Comenzamos la vuelta hacia el mundo exterior. 

En un intervalo de espera he encontrado una ruta cómoda hacia la gatera sopladora. Ahora la utilizamos para acortar la vuelta. De aquí hasta la salida se me hace tranquilo el camino. Fuera ya, el tiempo esta cálido y claro. Frente a Los Abetos probamos un bar nuevo. Es un momento feliz y relajante ante picoteo y cervezas. Tal vez aquello que permite saborear, compartir y dar mayor sentido a lo que hemos vivido explorando la cueva a lo largo del día.


Crónica de Antonio.